HUELLAS Y SÍMBOLOS

A todas las personas nos conforman nuestras vivencias, nuestras formas de ser y estar, la manera de pasar por las circunstancias que nos presenta la vida. Somos guiados y vivimos agarrados a una serie de personas, de hábitos, de símbolos y objetos con los que nos identificamos, nos reconocemos. Son lo que, quizá de modo algo cursi, algún historiador y escritor llaman “seña de identidad”.

Entre estas señas de identidad voy a referirme a dos que han sido noticia por su aparición reciente en los medios de comunicación: la que nosotros conocemos como “Caja de Ronda”, cuya foto figuraba en un suplemento dominical de “El País”, y el “Puente Viejo” aparecido junto a otras cosas del pueblo en un bonito reportaje del programa Tecnópolis de Canal Sur.

Hace pocas semanas, en un artículo de un conocido arquitecto y urbanista de la llamada Andalucia baja (Pérez Castells) titulado “Arquitecturas disparatadas” aparecía como ejemplo en primer lugar nuestra caja de ahorros, situándola además en Beas de Segura. Supongo que, como yo, estaréis muy en desacuerdo con ambas afirmaciones. Construida al comienzo de los años 50 remedando a los edificios diseñados por Gaudí (La Pedrera, Sagrada Familia, el Palacio Episcopal de Astorga, etc), con su fachada de perfil irregular, las dobles escaleras de caracol, el dragón como guardián del vellocino de oro (así lo describe Eurípides en su tragedia Medea), no sé si es de tanto verla pero el caso es que, al contrario que a Pérez Castells, a mí la estética del edificio de la caja me parece que es todo un acierto del arquitecto que la diseñó.

Como la Torre Eiffel de Paris, la Cibeles de Madrid, la Sirenita de Copenhage, la Giralda de Sevilla o el Maneken-Pis (un crío meando), o la Sagrada Familia de Barcelona, el edificio de la caja de ahorros, a su escala claro, es una seña de identidad que ha servido para rescatarnos de la anomía y el adocenamiento de tantos y tantos pueblos olvidados y marginados de la España Rural. A mí, al menos me ha pasado: con su sola mención colocabas al Puente en el mapa. Soy consciente de que no a todos los miles y miles de viajeros que le han echado una foto les parecía bella, pero al cumplir ese objetivo, esa función, ya es motivo de satisfacción y orgullo.

El “Puente Viejo” del que proviene nuestro nombre (Puente a Génave) ha sido durante muchos siglos un puente (inestable) de madera que ha servido de vado principal para la travesía del “río Colorado” (significado de su nombre de origen árabe) y confluencia de dos importantes vías de comunicación: de una parte la vía Augusta que unía dos grandes provincias de la Hispania Romana, la Bética y la Tarraconense, y, por otra parte la calzada que comunicaba con las villas de Caravaca y Cartago-Nova (Cartagena) atravesando el corazón de nuestra simpar Sierra de Segura. Su origen romano es mencionado en las “Relaciones Topográficas de los Pueblos de España”, mandadas hacer por el rey Felipe II (1578). El Camino Real que asciende por la calle Nueva, pasa por la plaza de la iglesia y toma la calle del Arroyo para alcanzar la Fuente Vieja, otra seña de nuestra identidad, hasta que a comienzos del siglo XX se hizo el Puente Nuevo sirvió de tránsito de guerreros, viajeros y trajinantes durante siglos y siglos. No es una casualidad que, como muestran varios mapas y documentos antiguos, antes incluso de ser pueblo, en él haya habido varias, y afamadas, posadas, ventas y establecimientos hoteleros. El puente, y la posterior carretera han sido un pulmón fundamental para el desarrollo de nuestro municipio.

Puente de Génave hoy, como dijera un conocido político, “no se parece ni a la madre que lo parió”, y afortunadamente cuenta con bastantes más señas de identidad que hace 75 años cuando nos independizaron de La Puerta, y de Beas, pero para nosotros contar con las citadas señas de identidad ha sido un hecho destacado y relevante. Y, en el caso de la Caja de Ronda, frente a una visión urbanita y alicorta de lo que representa la arquitectura en el patrimonio y desarrollo de los pueblos, yo reivindico su positivo papel, –también el financiero- en la vida del Puente.

Y ¡Viva San Isidro!

Pedro Ruiz Avilés

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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